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Ingreso al Espacio de Teatro Boedo XXI en el 853 de la calle Boedo. A escasos doscientos metros de San Juan y Boedo
–esquina Homero Manzi– y a metros de la cortada San Ignacio,
con todas las características porteñas: casas antiguas, callecitas
empedradas y pintorescos cafés con aire bohemio y reminiscencias
tangueras, en la avenida Boedo 853 se encuentra el teatro Boedo XXI.
Este
espacio teatral fue inaugurado en una vieja casona construida a comienzos
del siglo pasado, con el objetivo de recuperar un espacio cultural
independiente para la barriada, única en la ciudad por su rica historia
de cultura popular, floreciente durante la llamada época del Gran
Boedo y tan flaco en este tipo de alternativas durante las décadas
pasadas, en lo que a movimiento teatral se refiere. En
cada rincón de Boedo XXI los objetos lucen en sus paredes y que
son parte de la identidad del
lugar; nos cuentan historias de personas que decidieron quedarse en el
barrio y apostar a la continuidad creadora de esta zona del sur de Buenos
Aires.
Héctor González, fundador y primer director de Boedo XXI. Cuando uno ingresa por sus escaleras de mármol puede sentir la presencia de un hombre que nació y creció en Boedo: Héctor González, conocido en su paso por las tablas de los elencos independientes como Claudio Couso. Fundador y primer director de Boedo XXI, González formó parte del teatro Los Independientes, cuyo gestor fue Onofre Lovero, e integró los elencos que jugaron importantes obras –Galileo Galei, de Bertolt Brecht, entre otras– en la década del 60, tan fructífera en teatros que habían dado en llamarse vocacionales por simple modestia, hasta adoptar el nombre de independientes, más acorde al espíritu que lo impulsaba, al darle la espalda a los circuitos oficiales del teatro adocenado, puramente comercial.
Héctor González y Onofre Lovero, su maestro y amigo. Héctor
González creó este lugar de encuentro “para devolverle al teatro
todo lo que éste hizo por mí”, según sus propias palabras. Por
eso en esta casa puede verse el fruto de los dos amores por los cuales
tanto bregó su fundador: el teatro y el barrio.
En la actualidad, su familia y sus amigos rescatan y desarrollan en este
ámbito el espíritu con que lo impregnó este hacedor de cosas
perdurables Vitrinas,
cuadros, muebles, los más diversos objetos y afiches antiguos nos llevan
por una grata recorrida hacia
los orígenes del teatro, cuando las actuaciones se presentaban al estilo
varieté y las grandes compañías teatrales conformaban una gran familia.
Cada uno de los recuerdos aquí atesorados tiene un profundo sentimiento
de pertenencia barrial, ya que han pertenecido a familias radicadas bajo
este cielo boedense y poseen una gran carga emotiva por provenir de
aquellos inmigrantes que poblaron la
Florida del Arrabal, como bien definiera un poeta al barrio de
Boedo. Entre
las obras que cobraron vida en este escenario, se pueden citar: El
acompañamiento, N.N., La mala vida, Al sainete argentino, salú, Hay que
apagar el fuego, La lección”, Anacrítica, El Purgatorio, Los de la
mesa 10, Tango, ese loco espejismo, Jaque a la reina, El desordenado vuelo
de las mariposas (Venezuela), El misterio del castillo encantado
(infantil), Si yo tuviera corazón, A puerta cerrada
y Consorcio, el secreto, en
las que se han sabido recrear las historias planteadas por dramaturgos
consagrados así como también la de nuevos y talentosos autores.
Facsímil de uno de los programas de puestas en escena en el Espacio Boedo XXI. Además,
cabe destacar que dentro del Espacio Boedo XXI funciona la
biblioteca pública Lubrano Zas, dependiente de la Junta de
Estudios Históricos del Barrio de Boedo, abierta a todos aquellos que
deseen interiorizarse en la historia, cultura y antecedentes del barrio
donde el teatro “Boedo XXI” tiene una destacada e insoslayable
presencia. Si
quiere formar parte de este cálido lugar, sólo tiene que acercarse. Lo
esperamos.
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