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En 1924, ese muchachito flaco, de apenas 18 años, casi magro, hijo de un zapatero remendón, flautista de tríos tangueros, a quien el padre había mandado a estudiar piano clásico con el sueño inmigrante de verlo un día subir de pingüino al Colón para ejecutar las grandes obras del repertorio clásico, cambió el tango. Aníbal Troilo llegará a decirle a todo aquel que quiso escucharlo: "Hubiera dado todo por escribir Recuerdo." Y fue el autor de Responso, entre otros...
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